Das ist keine Ausstellung

Huele a pólvora y moho.
La voluntad se reafirma a través de sentencias e imágenes disciplinadas que están sumergidas en la memoria.
Estos son tiempos de reconstrucción, de desafíos materiales, de proclamas y afirmaciones, afirmaciones que necesitamos y que nos permiten volver al trabajo, al método duro para la conquista del espacio que nos corresponde.
Hay herramientas que nos permiten poner el tiempo en pausa, que nos devuelven la “capacidad”, el riesgo de error, la belleza del accidente. Se trata de oponer el segmento al fragmento, el cálculo a la improbabilidad.
La utopía acompaña al esfuerzo, la intención vence la brecha, lo “cierto” reafirma su legitimidad hacia lo efímero.

Das ist keine Auststellung es una capitulación del sistema, afirmación que niega, negación que afirma.
Es una visión regresiva, hunde el dedo en los intersticios de la conciencia política, afecta la higiene de la contemporaneidad, arremete contra la medio-cracía, contra el aval y contra el control.
No pretende dar soluciones, las soluciones son al problema como la alternativa es a la persistencia.
Se remonta a tiempos antiguos en los que la definición de degenerado atravesaba Europa, sembrando trigo, infectado con la esperanza de una sociedad perfecta, aria, blanca.
Por el contrario, en la esperanza de la salvación, una maleta de pan y moldes para hacer galletas de alquitrán cae esparciéndose por el suelo.
La sensación de peligro inminente o actual modifica nuestra conciencia reduciéndola a algo muy pequeño, apelamos a la justicia justicialista, a la seguridad segura, a la credibilidad creíble, al voto, a la delegación con la ilusión de que el sistema puede cambiarse desde dentro.
No es posible tener una imagen clara del contenido en el cual estás inmerso.
La necesidad de tomar distancia de las cosas resulta salvadora,
distancia de los parámetros supuestamente democráticos, de la economía de mercado, de la brutal organización de la violencia estatal, de la lógica de la guerra, de la posibilidad de que la tecnología pueda salvar a la humanidad, de la ausencia prospéctica.
Alejarse del estado de necesidad parece imprescindible para la generación de nuevos esquemas.
Alejarse del estado.
Alejarse.
Algunas formas hacen alarde de un cierto grado de rebelión a la espera de que algo ocurra, las banderas negras del libertarismo están todavía allí esperando, como un anuncio.
No se trata de visiones del pasado, sino un contemporáneo negado, vertido de un matraz a otro en un intento de crear nuevas fórmulas y antiguas alquimias.
Las letanías se repiten y la tensión aumenta.
Mañana no quedará nada de las palabras vacías de las d.e.m.o.c.r.a.c.i.a.s. y del estado de derecho, de la contingencia, de la ortogonalidad institucional, del deber, de la ciudadanía, de la pertenencia, del control.
Sólo una secuencia numérica transversal, una diagonal, recorrerá la conciencia restaurando su posición hegemónica.
En esta dirección, la incapacidad transformándose en posibilidad nos permitirá enfrentarnos a la inevitable cuestión acerca el ser y la duda perentoria, enfrentándonos al cartografiado de la impermanencia que con estas herramientas trataremos de trazar.
1-2-3-4-5-6-7-8-9-0.
Es difícil de creer, pero todo comienza en una secuencia de números a los que una vez confié la conciencia de un futuro imaginado pero inequívocamente conocido.
“L’eternitè”, un concepto indispensable que acompaña a la juventud.
123456789 y finalmente cero.
El cero como corolario del todo, suma y resta, lo continuo y la finitud, interior y exterior, presencia y ausencia.
El cero que reúne a los cuerpos en el acto, que rompe las certezas y edifica al mismo tiempo.
El cero que resuelve lo que resuelto está.
Pero entonces otra vez el uno, el dos, el tres, el cuatro, el cinco, el seis, el siete, el ocho, el nueve en una secuencia horizontal.
Ahora, después de un tiempo, retoma sentido la germinación de la diagonal.
La transversalidad lleva a todas partes jugando al rebote en los límites del “campo”.
Defendemos el “estatus” sin considerar mas allá un posible “motus”, delegamos, respaldamos, creemos, defendemos y finalmente, en lo íntimo, rechazamos.
Aforismos y sentencias se mezclan en una ilegibilidad debida a un astigmatismo deseado, buscado, debido y a un esfuerzo requerido.
La transposición de significado no se refiere a lo no leído, las palabras superpuestas se convierten repentinamente en imágenes.
La posibilidad de redención de la imagen a través de la palabra, no hace más que reafirmar la primera haciendo inútil el empeño.
En definitiva, el intento de zanjan este asunto, se desvanece bajo el efecto de la recreación.
La dislocación llevada al límite se transforma en una mención, en una cita con el pasado, mientras que en la fragmentación del acto evocador, el presente se congela ipso facto.
La pertenencia no me ha sido concedida, sólo algún indicio … pero nada más.

Lo siento, no soy de aquí.

MASSIMO PISANI 2018