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Text of Manuela Zanelli

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Exhibition "Mind's t...
Mind’s trap

Pisani se forma en el clima de la cultura de la vanguardia conceptual, la que ha representado la cumbre de la crisis de la modernidad que se expresaba como una verdadera vertiente en la ruptura de los esquemas lingüísticos tradicionales del arte, en la salida de cada especificidad, para hacer explotar la obra como producto y expandirla como proceso mental, dentro el análisis auto reflexivo en la fase mas rigurosamente conceptual, o desmaterializándola en gestos, en comportamientos y acciones que salían a comprender el espacio de la vida, la naturaleza, el cuerpo sirviéndose de ellos como nuevos soportes. Eventos de un arte en la cual el trabajo del artista tendía a anular el principio de una autoría subjetiva para hacerse proceso de un pensamiento auto reflexivo o modelo de comportamiento estético sobre fuertes presupuestos utópicos y ideológicos de difusión social. El también en los comienzos de su investigación recorre aquella matriz conceptual, vive aquella abertura de las barreras de todo actuar especifico del arte en una versión particular, según una línea preformativa analítica que se concreta en acciones como relieves de las deformaciones operadas sobre su cara con presiones, estiramientos, compresiones de la mano o mediciones de la capacidad de elevación en una relación cuerpo-tierra, registrados en secuencias fotográficas. Al fondo de estas operaciones, objetivas, frías y programadas análisis racionales, aparecía ya desde entonces la inclinación en el dar una estructura minimal a los gestos que definían ya, si no con medios tradicionales, huellas compositivas, indicaban relaciones de formas y de medida. De inmediato sobre esta componente de naturaleza rigurosamente mental el artista, mutando levemente la perspectiva, dirige su trabajo abrazando la idea de la producción de la obra materialmente entendida pero siempre en términos de distancia, de máxima reducción de la subjetividad, por una mínima esencialidad objetual que tenia que ser suficiente a traducir, a expresar la idea de la obra como concepto o el concepto como obra. En el ejercicio continuo y riguroso de redefinición del arte que tiende a ir al origen del problema, el sentido más propio y sustancial de lo que es el arte, Pisani ha producido así obras que sirven a dar estructura a los componentes constitutivos del quehacer artístico, con frecuencias individualizados, que él identifica antes en la idea del hacer como verdadero y propio construir anómalo y no productivo del artista “faber” y después del uso en dos diferentes funciones: El ver y finalmente el estar, el habitar la obra. Antes el objeto y sobretodo rendir visible la pura energía mental como reflejo, como respuesta del receptor, donde el pensar se hace causa y efecto de la obra misma en su uso. “Mind’s trap” o “Trampas del pensamiento” llamaremos pues aquella que, desde los años ochenta hasta hoy parece la connotación más propia de su trabajo, que no es otro que la traducción material de esta idea fundamental de la obra casi como resultado-verificación, producto activo, dinámico del pensamiento del hacer y de la fruición. Sobre este conceptualismo de fondo Pisani, trabajando como en un extremo limite de la posibilidad del artista de producir la obra, va mas allá de cualquier utopía positiva y de salvación del hacer arte como desemboque ideológico de una operatividad comportamental si objeto artístico, así como sucedía en las experiencias más radicales de los años sesenta-setenta. El no parte él vinculo con la idea de la modernidad pero la asume en términos de conjunción critica, en un punto de ruptura y sobre una cresta hace estar de todas formas dentro de un lenguaje minimalista. Todavía el suyo no es tampoco el minimalismo que se da como reducción afirmativa, minimalismo de la certeza que se basa sobre la auto referencia de las estructuras primarias de cartesiana memoria, pero tampoco un minimalismo de citaciones, de revivalismo post-moderno, es mas bien un minimalismo del hacer que mima un modelo operativo, lo del trabajo mecánico, de un construir “ingenieristico”, pero descubriendo el artificio como hacer anómalo, impedido. Un hacer en la estructura osimoro de su mismo funcionamiento asume una especie de auto negación, presentándose como un hacer al vacío, todo dentro una poética del insustancial, de la explosión de cada energía que las obras objetivan, en la ausencia de la función reflejada de los objetos: Motores inmóviles, aparatos y mecanismos inertes o especie de arquitecturas imposibles, defuncionalizadas, todas improbables formas de un imaginario tecnológico que se genera del contraste entre el esprìt machiniste de una hipótesis funcional-tecnológica y el potencial imagínico de una evocación metafísica. Este ejercicio de una contradicción, peculiar en su trabajo, una connotación positiva de la negatividad se refiere justamente, como residual lado ideológico, a la esencia del arte como producir improductivo que se pone fuera de cada funcionalidad positiva racionalmente a una finalidad utilitaria. A reforzar esta tesis, su trabajo que se dirige exactamente al ámbito técnico asumiendo fríos materiales industriales: Barras y perfiles de hierro, roscas de acero, plásticos, para construir aparatos mecánicos donde cada tensión de fuerzas, de energías mentales creativa resulta consumida, explota en una inmóvil perentoriedad, parece ocultar también si explícitamente, un sentido heterónimo, una dimensión critica en él confronte de otro aspecto de su modernidad que corresponde no tanto al arte en su autonomía, sino al arte como lugar de antinomia, duda, de interrogación frente al mundo mismo, a su dimensión antropológica. En este sentido su obra, como ejercicio del arte que practica la dualidad del osimoro, parece capaz de poner el acento sobre contradicciones, desvelar faltas que nos hablan también de nuestra existencia, devolviendo aspectos, prefigurando escenarios de una modernidad de la cual parece sistemáticamente desmantelar seguridades y falsos mitos de progreso. En este caso la idea de construir no hace mas que traducir de nuevo una utopía del siglo vente, aquella utopía mecanicista que, evocada en la obra se transforma en un mecanismo al vació, su estructura paradoxal, contradicha, negada en la funcionalidad, hecha en realidad emblema de crisis, índice de un mito caído, lo del progreso tecnológico según un concepto de desarrollo, de evolución continua del mundo y de liberación del hombre, pero al mismo tiempo índice negativo de una utopía de salvación del arte como posible vía alternativa de huida, de desahogo liberatorio. La obra de Pisani en su perentoriedad absoluta, de su auto reflexiva afirmación-negación, no es mas que un emblema de sí misma y esta cerrada en su declarada imposibilidad: Energía de un “trabajo”, el “trabajo” del arte al cual no se ha dado, en un exiguo margen de acción, sino que mimar una ritualidad constructiva para mostrar su andar al vació. Ni la utopía positiva del progreso tecnológico del mundo moderno, ni la utopía liberatoria del trabajo artístico encuentran cumplimiento: ni la una ni la otra salvan el mundo, liberan el hombre. Emblema de crisis, su poética de inercia, de falta, de vació, de imposibilidad, prefigura y parece meter bajo el signo de la caída toda una serie de mitos y utopías del mundo moderno. Su auto significante minimalismo además de ser un simple e impersonal montaje de un a especie de “mecano” para adultos de materiales industriales para construir sus maquinas inútiles, sus objetos inertes: Acumuladores, aceleradores, compresores, tensores y otras simples construcciones hechas con placas, tubos, cilindros, esferas que denomina “arquitecturas extremas”, se explica también en obras, entre los años ochenta y noventa, que llamo “veloces escrituras”. En estas mima con la sola aproximación y sobre posición a pared de elementos como tubos y varas metálicas, a veces acompañadas de la geometría, signos y símbolos abstractos, casi siempre el cuadrado, el circulo, la cruz, la estrella, una especie de sintética y rápida “escritura” concreta, es decir material, que, al contrario de lo que la escritura evoca, ve anulada cada posible caracterización subjetiva en su fría e improbable presencia de signos-objetos mecánicos, además de cada referencia de sentido. También en este caso la obra significa su presencia muda, mientras la idea de la escritura es simplemente una alusión, un desvío mental, conceptual. Sus “veloces escrituras” metálicas son escritura de la nada; nada comunica sino la pura y lineal disposición de segmentos metálicos en líneas paralelas; nada significa si no simples relaciones compositivas sobre el campo neutro del espacio la pared como e rendir materialmente concretos, aquellos primarios elementos de la obra abstracto-constructivista como punto, línea, superficie. En su inútil y negada función comunicativa y expresiva, están a rebatir, según la misma lógica de la maquina inútil, que tampoco en las mas avanzada tecnologías existen soluciones. Así para Pisani el refugio en el sueño, en el símbolo, en la metáfora parece excluido, impedido al arte como personal evasión, individual salvación del artista, el cual trabajo parece mas bien atravesado por una rigurosa, seca, mental misa en discusión de algunas perspectivas y instancias del mundo moderno en su dimensión colectiva, antropológico-cultural, según una línea de implícita toma de responsabilidad critica y finalmente ética. Una solución de apariencia mas sujetiva y justo rozada en las fantasías mecánicas y metafísicas novecentistas de arquitecturas industriales de sus carboncillos, guache, oleos y complementares esculturas, donde parece que allí la grande utopía no realizada pueda transportar consigo una residual memoria profunda, pueda presentarse de nuevo como inconsciente personal y colectivo que asoma todavía, sin el triunfalismo y certeza, una evocación de hallazgo de arqueología industrial sin tiempo, como extrañados fragmentos de un mundo perdido, ya lejano. Si la fabrica es imagen”primaria”, sujeto dominante en sus pinturas, ella es también “topos” absoluto y simbólico de sus creaciones artísticas, esculturas e instalaciones, que condesa en si valores y significados, memorias históricas de la vida y del arte, lugar emblemático del obrar del hombre, de aquel fabricar que Pisani en su proceder parece fingir en la versión paradoxal del arte. Si del resto es aquel mundo de la maquina, del progreso técnico-industrial que esta interesado en la idea del “trabajo” del arte, del frió y destacado minimalismo mecánico de las obras entre los años ochenta y noventa, para revelarlo como mito ya apagado y acabado de la modernidad, al contrario desde la mitad de los años noventa, nuevas realidades están implicadas en la que podríamos definir la ética-estética de su hacer. Individuando los principios de su hacer, aposta ahora a la experiencia del ver como referencia imprescindible de la experiencia artística, pero de una experiencia volcada, vista mas de la parte del espectador que del artista creador. A través de un obrar que aparentemente no cambia en la sustancia, por el principio de construir como trabajo improductivo, que es la vertiente ideológica fuerte de la obra, los nuevos trabajos, coherentemente en línea con las precedentes, funcionan todavía sobre la estructura del osimoro, ofrecen todavía otros enganches al mundo presente. Así alrededor de la mitad de los años noventa sustituida a la idea de construir la idea del ver, también por una más directa relación con la dicha civilización de las imágenes, es el mundo de las altas tecnologías a ser interesado como implícita reflexión sobre las recaídas de nuestras experiencias de los nuevos medios que ponen campo otro desafió. Si la edad de construir se ha acabado, la era del ver implica una involucrarse mas activo del espectador. El ver que lleva consigo el hacer artístico es aquel que se concluye con el acto del ver, del contemplar de parte del público. El arte es un proceso que comprende el acto del producir pero también del deleitarse. Por lo tanto además de la acción constructiva de quien hace, el nuevo producir de Pisani incluye en llave activa aquella contemplativa de quien mira. Sus objetos de aparatos, de “arquitectura” fruto de un esprit machiniste, se hacen ahora contenedores, paralelepípedos, cajas cerradas, seudo esculturas que son verdaderas y propias pequeños y grandes visores de tierra o de pared. En esta especie de”magic box” el espectador esta llamado a mirar dentro un pequeño agujero o fisura vertical para descubrir con efecto y sorpresa los lugares secretos, los espacios virtuales que se esconden y hacer nuevos osimoros visivos que se proponen en su interior, experiencia del vivir directamente para ejercitar una vista ya cansada. Y así el ver en las obras de Pisani se hace misa en prueba de nuestro ver, un catar la resistencia, la potencialidad, la capacidad distintiva. Simulando la realidad mediática, Pisani construye materialmente al interior del objeto con una disposición de superficies y planchas a espejo oportunamente anguladas, como en los “Corridoi virtuali meccanici”, una multiplicación de imágenes al infinito que sugiere perspectivas tensas y exasperadas, visiones espaciales volcadas de sentido, realidades metafísicas que verdaderos trompe d’oil de la nada, de la ausencia pero que evocan lugares y espacios de un paisaje urbano lejano, imaginario, futurible y al mismo tiempo conocido y diario. En el caso de la más reciente “La mirada distonica”, al contrario, otro sistema está constituido de cristales que se interponen alas cosas, las reflejan con un efecto desmaterializante y dislocación sobre diferentes planos que es la percepción de presencia-ausencia. Realidad que no conseguimos componer simultáneamente en su entereza, enigmas estáticos o efectos extraviantes son afiliados a la sensación visiva. A través la estimulación perceptiva la obra funciona como ulterior trampa de la mente. Se activan de echo mecanismos que traducen aquellas percepciones en un ver mental, que nos conduce en dirección de una ulterior experiencia del pensamiento como imaginación y reflexión juntos. Estas maquinas para mirar son verdaderos aparatos de engaño ópticos que tienden a ejercitar nuestra mirada, posponiendo a una especie de insistencia, ofreciendo tiempos largos a una experiencia que se hace toda mental. Nuestra visión debe pararse, intensificarse, tener tiempo para distinguir, buscar continuidad, cuerpo, sentido, entereza a lo que se percibe. Justo el opuesto del efecto de rápida exposición a la cual estamos diariamente expuestos de la difusión mediática de las imágenes que la obra parece volcada a vanificar para ganar la incapacidad de nuestro ver habitual. De otro lado, lo que pone a prueba nuestro cansancio y adicción visivas, lo que nos esforzamos ver para darle sentido, al final nos ilude y no solo porque es realidad seudo-virtual obtenida con medios técnicos y diferentes materiales que simulan la medialidad electrónica, sino porque desplaza, pone en jaque nuestra visión. Espacios que evocan ausencia y vacío, visión de objetos que también presentes, aparecen desmaterializados como en una especie de falsa holografía, cuerpos que no conseguimos colocar exactamente, a individuar las coordenadas espaciales y que aparecen entonces como suspendidas en un espacio sin gravedad y además imágenes que buscamos coger cumplidamente con un ver móvil que mueve continuamente el punto de mira, como en una doble visión estereoscópica que no conseguimos todavía hacer coincidir, rendir simultanea y univoca. Al final la que pone en acto Pisani es una misa en escena de condiciones del ver que ejercitan una visión que al por fin va al vacío que no encuentra entereza, que es de nuevo ilusa porque queda suspendida, faltante e interrogativa, a reflejar sobre si misma, sobre sus propios mecanismos pero capaz de activar y estimular la mente, la imaginación, la reflexión. En la misma lógica del ir al vacío de los objetos mecánicos de los años ochenta-noventa. Pero ahora las utopías las utopías de la modernidad son otras: la de la comunicación telemática, del “sublime tecnológico” de las realidades virtuales. Pisani parece proponer de nuevo una versión alternativa, de uso y de una deshumanizante perdida de contacto con la realidad que parece querer contrastar. En sus visores, por un lado, nos parece indicar el camino de un ver activo, reflexivo, de tiempos largos, casi a contrastar los tiempos siempre más rápidos de la experiencia telemática y su poder de homologar que, poniendo todo sobre el mismo plano, hace perder las jerarquías de valor y anulando las coordenadas tiempo-espacio, rinde todo inexorablemente sincrónico, pero haciéndonos experimentar un ver suspendido, privado e interrogativo de la “virtualidad” que el mismo pone en campo, eso se puede interpretar además como señal de crisis de otra falsa de nuestro progreso tecnológico, aquella de mundos posibles y practicables de la virtualidad, utopía de nuevo negada descubierta como vacía y ya acabada desde el principio. Un acercamiento a esta realidad parecen figurar también las ultimas obras realizadas al ordenador que remandan a las anteriores “veloci scritture” que fingen una tridimensionalidad verosímil. Son composiciones de un repertorio de figuras elementales, especie de alfabeto minimal, críptico y telegráfico, a mitad camino entre la abstracción geométrica y la figuración de simples objetos mecánicos. Casi geometría que parece hacerse objeto pero de una verdad, más verdaderas del verdadero en su parecer objetiva, iperreal pero también ilusoria e imposible en la Asunción fría y en la tridimensionalidad desmaterializada del medio electrónico, son signos, formas, tanto cercanas como lejanas imágenes de una virtualidad toda mental. Simbólicos restos de una iconografía de la memoria d la modernidad también histórico-artística, son frías traducción de aquel “sublime tecnológico”, de aquella cercanía inaprensible inmaterial y metafísica que es propia de la realidad virtual. Su verdad mimética y junto abstracción inmaterial y metafísica parece concretizar en imagen la idea misma de virtualidad, que es la misma idea de una realidad paralela osimorica, accesible y al mismo tiempo inaprensible, que envuelve, nos lleva dentro y al mismo tiempo, nos deja fuera. Todavía, presentándose, en la fría evocación que hace el artista de ellas, como fragmentos fractales de un discurso imposible, restos de proyectos suspendidos y no concluidos, esparcidos pedazos de algo que no estaba o que debe todavía construirse, ponen en campo la utopía del virtual otra vez bajo el signo de una negación, de una imposibilidad. Nos pone en alarma el fraccionamiento compositivo que parte la continuidad del icono, su unidad figurativa. Eso anula el efecto de verisimilitud iperreal y elimina la tridimensinalidad jugando sobre la vi dimensionalidad de la composición, de los segmentos de la imagen. Otra vez un negar, un hacer faltar la entereza nos desvelan un hacer critico que tiene solapas de sentido significativos. Estos signos son “señales” en la accesión más propia y figurada del termino, señales de algo que nos quitan, nos viene sustraído. La idea de privación, de falta que funcionaba en las anteriores maquinas para ver, es también aquí presente. También aquí al final “la verdad” de la imagen electrónica está contradicha en su esencia. También en este caso, aun en la vi dimensionalidad de la obra, y así en todos los trabajos de los años noventa desde los visores hasta las recientes “habitaciones”, la obra, actuando en el sentido del uso como estimulo activo, no es solo el concreto reflejo de una idea auto significante del hacer arte confiada exclusivamente al artista, pero investí la capacidad de devenir activa critica de la modernidad poniéndose de repente en manera menos sobrentendida como instrumento que potencia y activa facultades de quien usa de ello. La obra se hace así, tramite de conocimiento, modelo de comportamiento en acto y sugiere un camino, lo de la puesta en función voluntaria de nuestras capacidades criticas y reflexivas. Pisani pone así las condiciones de una experiencia estética más directa, la estructura siempre a través de la obra, manteniendo aquellos presupuestos del hacer que lo habían caracterizado en los principios y que son las “pezuñas duras” operativas ideológica de su proceder construyendo. Aquí todavía la simple construcción del objeto no es su signo de la pura energía mental del gesto creativo del arte que se aniquila, se consume en la obra misma que la traduce como función faltante, aquí se hace mecanismo que opera fuera de su ámbito, como de la parte opuesta aquella de quien la usa. Esta funciona como mecanismo que produce efectos concretos y, actuando sobre procesos perceptivos, los pone en función activamente y más directa y paralela, sobre el mismo plano del trabajo del artista, la experiencia artística del usuario, al contrario se hace prevista, integrada a la obra misma. Esta estrategia de funcionamiento resuelve de nueva manera los presupuestos implícitos críticos-éticos del trabajo de Pisani que así siempre mas opera con el ojo que mira a la realidad que nos rodea y la incluye en su trabajo con la participación activa del espectador que la usa, no la contempla simplemente. La idea de implicación mas total por una experiencia que desde las percepciones sensoriales que concentre sobre el pensar y lo que esta a la base de las ultimas obras, verdaderas habitaciones practicables donde el espectador se confronta con la condición hipotética e interrogativa del “habitar”, del “estar” como función del pensar. Aquí la idea de virtualidad mimada de los “pasillos virtuales mecánicos” esta superada por que aquella realidad posible, fruto de una experiencia visiva se realiza en concreto casi a querernos sugerir de no perder el contacto con nuestro sentido, con nuestro cuerpo. Allá el significado de la obra era además de una distancia acercada, todo confiado a una experiencia de imagen de una hipotética realidad visiva que quedaba en algún sentido, no resuelta, puesta en jaque por actuar activamente sobre nuestra mente. Aquí es la realidad materialmente presente de la habitación que nos aloja, que nos pone condiciones, una manera de estar en nuestra entereza física y mental que nos hace vivir totalmente y concretamente nuevos osimoros que también aquí están puestos en acto según la habitual lógica de funcionamiento de todo el trabajo de Pisani, solo que las nuevas soluciones operativas llevan diferentes y todavía más amplias implicaciones de sentido. Una primera instancia de la obra parece ir de nuevo a interrogar un núcleo de problemas primarios del arte, pero esta vez no para definir y desvelar la naturaleza de la misma, su esencia, si no su misma posibilidad de resistencia, de sobre vivencia, de poder estar todavía proponiéndola en términos radicales como hipotética utópica perspectiva de vivir la obra, de atravesarla, de habitarla. La implicación total del espectador pone de hecho la idea del ”habitar” hoy el arte mismo. En su inclinación analítica y volviendo como al principio a la idea primaria del pensar como matriz del hacer, pero también del usar, Pisani parece preguntarse si podemos en el mundo de la máxima estetización difusa parar el pensamiento que esta al origen de una experiencia estética, capturarlo, darle cobijo, hacerlo resistir en la sociedad el consumo rápido y total de cualquier cosa. La pregunta “ ¿ puede resistir el pensamiento del arte, del hacer artístico?”, pregunta que Pisani precisa y traduce hoy en “¿se puede habitar el arte en nuestro presente?”, en el sentido de usar, coger la esencia mas allá de la apariencia, entendida como aquel doble efecto de superficie causado de un lado de una masiva producción y consumo de estética de imagen de las realidades mediáticas, por otro lado de una máxima mimetización del arte que nos rodea, la respuesta otra vez queda suspendida. No hay soluciones si no tentativas de aproximarse a ellas de estimular, de dar input positivos. Si la respuesta no esta mientras en un lugar, se hace por transacción concreta una habitación del arte, una habitación-mente, refugio de una posible resistencia. Nos parece recordar que justo en uno de sus visores, Pisani había presentado una habitación virtual de sus mismos signos, figuras elementos de obras anteriores. También esta era una habitación del arte que todavía, al contrario de las reales habitaciones que hoy construye, estaba distanciada de una serie de “filtros” a partir de aquello conceptual del artista que en aquel caso mostraba la idea de la exposición haciéndonos entrar en el mecanismo de una triplice función, a través el expediente del escenario virtual, como un teatrito a su vez par mirar el filtro de la distancia visiva y mental como de un objetivo, mientras ” la habitación del arte” de hoy permite al usuario la cercanía máxima. El ambiente que construye Pisani, según la lógica de la estética minimalista, es un simple ensamblaje modular, el cual interior vació, neutro y aséptico, en su esencialidad asume el sentido de concepto, de idea absoluta de habitación. Todavía la habitación consigo también la idea de célula habitativa y justo del habitar, del vivir diario como enganche también de una dimensión del presente, del existencial, dado que luego quien la usa esta implicado enteramente con todos los sentidos. Esta vez el artista nos hace ”vivir” realmente el osimoro, la contradicción de fondo que es como la regla de todo su trabajo. En la habitación estamos de hecho llamados a experimentar una habitabilidad inhabitable. Llevados a reconocer nuestra cotidianidad en lo que es más cercano, habitual y banal: una lampara, una ventana, un asiento, nos damos cuenta de una sola realidad domestica que percimos al contrario como un escenario frio y desorientador en su neutralidad que no tiene nada de acogedor y en el cual ademas de los elementos estructurales tambien las cosas, nos resultan como distantes y abstractos objetos-signos, vaciados de cualquier prioridad funcional para asumir puramente lo estetico. En aquella habitación de una minimalidad esencial, carente de estímulos perceptivos, lugar vació, llenado solo de nuestra presencia, estamos invitados a detenernos, a pararnos, a medir el espacio circunscrito alrededor nuestro, como llamados a ejercitar la máxima concentración sobre nosotros mismos propia de un ejercicio zen. Como si se necesitase cerrarnos en si mismos, recogernos para poder expandirnos, expandir al máximo nuestra mente. Este estar, este pararse dentro de la obra al final aparecen pues funciones del pensar. La obra de Pisani, ejercitando una especie de “estética del pensamiento”, no propone ya condiciones del ver si no condiciones de un hipotético habitar que se vuelca en la condición del estar como ejercicio mental. Mecanismos de nuevo de contradicción pues, justo tramite los cuales el pensamiento de esta de todos modos activado y nos pone interrogaciones. Y es en este caso, en cuanto implicados totalmente en la dimensión del cuerpo y de la mente, estas preguntas pueden también tener un ulterior nivel de lectura que comprende el arte pero no tanto en sí, como autónoma y exclusiva dimensión auto reflexiva, sino con relación a nuestro vivir, a nuestro presente, a nuestra condición antropológica . (Traducción parcial del Texto aparecido en el catalogo Mind’s Trap) Manuela Zanelli, 2002

 

La obra de arte

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A veces pienso que el resultado puro del esfuerzo sea la nada. En este nuestro hacer, parece ser suficiente el lento proceso de la acción, mediado tal vez de alguna brillante percepción del objeto que se separa de nosotros, privado de contacto con quién lo ha generado. Me gustaría que, por fin, la “obra” viviera autónomamente" liberada del sujeto que la ha producido y que funcionara generando sus propias dinámicas físicas y sus propias “resoluciones”. A mi pesar, todo esto termina siempre en un inevitable estertor.

Massimo Pisani

 

Ciencias innaturales

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Ciencias Innaturales (Artificial life, a life, alive)

Cuando el hombre se acerca a la tecnología, siempre resulta como aproximación a lo inesperado y a la tensión generada por la investigación que conduce en territorios hasta entonces desconocidos, umbral entre lo conocido y el ignoto por conocer. Toda experiencia humana se desarrolla en estas vertientes y el investigador como el artista suelen quedarse en este linde entre conciencia e intuición, conocimiento y videncia, realidad y imaginación (presunción a parte). Es un ser evidentemente condenado a la duda, pero, como todo ser, tiene conciencia de sus limitaciones que si bien dirigidas pueden generar nuevas mecánicas de existencia como ente o, mejor, como “entidad”. El circulo nunca se cierra, el hombre es un punto de unión y fractura de este circulo. En el mismo instante que percibe la idea de pertenencia y de “ser”, percibe también la sensación de exclusión y que su “proceso vital” tiene lagunas amplias y ,a veces, profundas, dicotomía indisoluble, trait d’unión entre lo conocido y desconocido, partícula impalpable de la transformación. Transformación, no creación. Generalmente todo desarrollo tecnológico nace del estudio e exploración de la naturaleza y las nuevas herramientas generadas de la trascripción y adaptación de sistemas de funcionamientos naturales. Sobre el termino “natural” siempre he tenido dudas muy grandes: donde empieza lo natural y donde lo artificial y donde, en mi opinión, lo cultural? El paisaje natural es lo que nadie ha visto; cuando el hombre se acerca a la naturaleza lo hace siempre de forma cultural el paisaje mismo se transforma en paisaje cultural. Con estas ultimas obras he intentado acercarme a la naturaleza de forma inversa, partiendo del montaje y ensamblaje de materiales de uso industrial, como es habitual en mi forma de trabajar, aproximándome esta vez a problemas de orden físico, una “física básica” como suelo definirla: tensión, compresión y gravedad. Investigando sobre estos elementos aplicados a materiales tecnológicos (low technology), he llegado a la conclusión a la cual todos fiscos han llegado por otros caminos: todas formas de la naturaleza están generadas y adaptadas a hechos físicos y el el proceso constructivo genera casi siempre formas biomorfas que se desarrollan a partir de elemento básicos, de su multiplicación y su interrelación (fractáles, módulos , series). "El tiempo” de realización de una pieza es elemento fundamental de la investigación para resolver problemas estéticos y mecánicos y, creo, que lo importante de una obra de arte es que genere preguntas, para seguir viviendo como “entidad” desvinculada de toda “teoría sensible”, y autoria para funcionar como maquina capaz de triturar tiempo y espacio e imponerse como elemento de perdurabilidad en la conciencia del espectador. Llegar a la naturaleza por el proceso inverso e investigar sobre problemas de orden estético y mecánicos, me han permitido aproximarme al funcionamiento progresivo y regresivo de la naturaleza y con estos últimos trabajos espero haberme podido acercar un poco mas a la origen y al final siendo yo también partícula infinitesimal del Todo y de la Nada.

Massimo Pisani 2009

 

Fragmentación y format

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Da la circunstancia que el arte contemporáneo que se presenta en las grandes manifestaciones internacionales (véase como ejemplo la últimas bienales y quinquenales) determina la heterodoxia y la indiferencia generalizada por parte de los “curator” incluso del mismo artista que, en mi opinión, pierde oportunidades para presentar su trabajo de forma concluyente. Manifestaciones como la última Bienal de Venezia con la dirección de Daniel Birnbaum que lleva el título “Make Worlds” y declarando “arte es todo“ incluso La Documenta de Kassel, evidencian el estado del arte contemporáneo subordinado a la política y al espectáculo mediático donde de espectacular se encuentra muy poco y de político mucho; me refiero como ejemplo al Pabellón Italia en el cual se presentan obras de artista de escasa envergadura y puestos a dedo por lobby relacionadas con el gobierno.
Casi nunca se habla de calidad, sino más bien de cantidad: ciento sesenta eventos colaterales en la Bienal de Venezia, 302.000 visitantes en la anterior frente a los 700.000 de La Documenta de Kassel.
La idea del comisario se refleja en lo “politically correct” o reinventa modelos que pertenecen a un pasado sin darse cuenta que el mundo ha cambiado. Han caído las ideologías del siglo veinte, el comunismo o mejor, el socialismo real, ha fracasado, mientras el capitalismo sigue manteniéndose en un estado de coma de vigilancia y asistido con todos los medios por “supuestos” gobiernos progresistas.
Los comisarios de exposiciones proponen “Format” casi en el sentido televisivo que se exportan a realidades absolutamente distintas con un espíritu colonial-cultural que, en muchas ocasiones no encuentran arraigo en el territorio y en el tejido social.
De mi punto de vista el único ejemplo positivo en el ámbito de las exposiciones internacionales, sigue siendo, un proyecto que lleva desarrollándose desde hace 30 años: “Skulture Proyecte Münster”
Deberíamos abrir un pequeño paréntesis con “Manifesta” por su implicación con el territorio aunque no se presenten obras, desde mi punto de vista, muy potentes y de un impacto estético-ideológico.
En este clima de fragmentación, de formatos, de horror vacui, el artista contemporáneo se ve sometido a una cuestión fundamental: exponer o exponerse? (en el sentido de declararse, desnudarse).
El artista tiene la obligación de crear un vínculo directo con la sociedad, ser un ente político y, supuestamente, alejarse del arte político en todas sus manifestaciones como representación anecdótica de lo actual.
Evidentemente no tengo claro cual puede ser el camino y las estrategias de futuro para el arte, como máximo tengo una ligera percepción de los procesos a seguir.
Sigo convencido que estamos anclados a sistemas y procedimientos obsoletos como, por ejemplo creación y producción, exposición y promoción, venta.
Estos caminos en una sociedad saturada de mensajes y sobre todo de imágenes, no sirven ya de mucho, todo está molido o mejor batido en una indiferencia donde señales fuertes y débiles se entremezclan en una cohesión celular donde lo único que importa es la materia: La materia artística entendida como masa.
El hecho individual se “maquiniza” para servir entidades institucionales y privadas garantizando la sobrevivencia de la especie (artista).
Paradójicamente la democratización del arte ha provocado que grandes y pequeñas entidades financieras se aprovecharan de la situación contingente para el blanqueo de dinero proveniente de actividades ilícitas, del narcotráfico y vieran en el mercado del arte un sistema fácil para conseguirlo.
Siempre el mundo del arte ha sido relacionado con la economía, pero nunca ha sido regulado por principios económicos que son praxis en otros ámbitos, siempre se ha eludido a sistemas de mediación correctos, a grandes o pequeños niveles.
Es raro que haga estas afirmaciones, pero pienso que la casi desaparición de una burguesía culta con su idea económica y humanística de mantenimiento de lo logrado a favor de generaciones posteriores, ha sido solapada por hombres de negocio despiadados que optan por una ganancia fácil e inmediata relacionada evidentemente con el sistema económico actual: inversiones a corto plazo, especulaciones y visiones de futuro limitada a la duración de la vida biológica.
El arte sucumbe también a estas mecánicas de mercado, se hace efímera y en el caso de inversión debe dar un resultado inmediato.
Como consecuencias, el incremento de los precios de venta sobre todo de artistas jóvenes, mas manipulables y fáciles de explotar y de “calcinar” en pocos años, poco o nula inversión en la producción y proyectos de envergadura a favor de inversiones elevadas en difusión y promoción (catalogo, banderolas, invitaciones, etc.).
Todo esto se traduce otra vez en fragmentación que genera una especie de desconfianza extendida acerca de los fenómenos artísticos y limita, por ejemplo, a unos eventos y a un coleccionismo estilo fast food.
Son años en los que críticos, galeristas y coleccionistas no frecuentan los estudios de los artistas limitando su acercamiento a las obras que residen en espacios consagrados para su promoción como son los las ferias de arte, etc. Creo que seria oportuno, considerando el sistema del arte actual como “imprescindible y aceptado”, que proyectos artísticos crecieran con la contribución de todos los elementos que componen el sistema del arte y que, galerías, críticos, instituciones, coleccionistas se esforzaran en un programa común para crear un modelo sostenible de funcionamiento en el cual no se superpongan de forma aleatoria ni tampoco se subordinen unos a los otros.
El crítico tendría que acercarse más a los trabajos de los artistas y no adhiriera, como pasa a menudo, sus ensayos de forma circunstancial y recompensada a eventos y situaciones, las galerías invirtieran en proyectos sólidos teniendo en cuenta una línea filosófica estricta y temeraria, las instituciones que tuvieran presente que se está administrando dinero público y que cualquier acción se proyecta hacia un fin, evitar propósitos efímeros y que el coleccionista considere que su labor no es simplemente una inversión económica sino un medio de difusión de la cultura de nuestro tiempo.
Por otra parte el artista, creo que es el primer responsable de una situación confusa y fragmentada siendo el epicentro que mueve a su alrededor toda la maquinaria de la cultura visual y, añado también, la económica.
El creador, como tal, tiene un rol fundamental y una responsabilidad sobre todo lo que ocurre en el mundo del arte, necesita proteger su trabajo de influencias y falsas expectativas que generalmente merman su potencialidad generadora y fomentan su ostentada “exhibición”. Considero que el arte es un organismo que nace, crece, madura, enferma y muere para regenerarse otra vez y las obras son “elementos”, o mejor dicho, entidades que forman parte del proceso creativo.
El proceso creativo es fundamental en el arte mientras el objeto sigue siendo una simple convención, una magnifica convención.
El artista no tiene que limitarse a la superficie sensible, a la piel, sino construir una estructura estable, uno “stereoma” , un esqueleto también teórico que sostenga su programa, su visión del mundo y no renunciar nunca a su identidad aunque eso haga que se entre en un mundo de marginalidad que a veces recompensa con el paso del tiempo, aunque por lo contrario…
NO PASA NADA.

Massimo Pisani 2009

 

 

 


 

Text of Alberto Lui

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Notas alrededor de Massimo Pisani

La piedra, el agua, la semilla, el tiempo: parece casi de recitar una especie de nana de vocablos que podría no tener solución o final. En realidad estas palabras están precisamente referidas a un trabajo que Pisani desarrolla diariamente y completamente fuera de lo que comúnmente se entiende como practica de arte. El artista Pisani, parece- y es necesario subrayar parece – no entrar en juego: en realidad creemos que esta operación diaria sea o devenga una “llave de bóveda” para comprender todo su trabajo. Massimo Pisani cultiva desde años, en su casa de S. Martino dall’Argine un pequeño vegetal, nacido de una semilla y crecido en un agujero practicado ad arte en una piedra, dentro la dureza y la impermeabilidad de la misma. Un gesto ritual y diario depone en este minúsculo orificio, donde la semilla ha crecido para ser planta, una y una sola gota de agua. Como a querer demostrar cada cosa sobre la posibilidad de la vida, en este caso un vegetal pero, si entendida como figura metafórica de la vida intelectual: parece decirnos Pisani hago, produzco, muestro entonces soy. Me gusta imaginar que en su ausencia un mecanismo a movimiento mecánico exacto como un reloj regule el necesario flujo del agua que necesita la vida, al crecimiento: gota tras gota en una frecuencia rigurosamente regulada de la maquina que la pone: Un gesto esencial, minimal si asì se puede definir: Un sutil ejercicio de gimnasia del tiempo: En pensarlo parece también correr aquel levísimo flujo de agua contradiciéndose en la precipitación y en el flujo: aparecen ahora evidentes los fantasmas de BERGSON, de ROUPNELl, de BACHELARD. La gota y la gota, y la gota todavía: pulverización del tiempo que huye continuamente, desde cada vertiente se quiera mirar sujeto e objeto. Desencaja, este ajetreo, la idea de la obra e impone un propio existir temporal, como una maquina que congele cada cosa, a las espaldas de Khronos. Massimo Pisani trabaja manipulando la materia, puede ser intentando una fábula que el mismo, desde el principio, sabe ya ser imposible: Casi como el alquimista bretoniano o duchampiano, él escribe congelando en una única pieza cristalina imagen y sujeto, obligando el propio hacer en sí mismo. Mirando bien, podemos darnos cuenta que son extraños a su trabajo los minimalistas de la “tierra” pero de estos parece sacar, como de todo una cierta y precisa área poverista, el sentido de la esencialidad. Hay, parece afirmar el artista mantovano, un tiempo de lo icónico y un tiempo de lo aniconico allá donde estandarte o banderas se erigen ya vacíos de cualquier ideología: Encima de la s fabricas banderas que aluden a un rojo no habitual, en las iglesias trapos de un cualquier Viernes que vuelve "Santo”. Observamos los dibujos de Pisani: contemporáneos son los trazos que recuerdan a Sironi a los fantásticos edificios futuribles y al mismo tiempo religiosamente arcaicos. Cúpulas frías como contenedores de un tiempo congelado, dentro las cuales cada entidad convive o tiene la posibilidad de coexistir. Dibujos, grafías, instalaciones, parecen querer bloquear para siempre, absolutamente, una vida que se propone ser vitalista pero en la nada, en la misma nada. Subvendrán, tal vez, o al mismo tiempo, obras como señales o señales como obras: enfriados por una mirada despiadada sobre la pared: signos, objetos y símbolos se componen, constituyendo un léxico no más familiar sino lenguaje singular, formulario casi científico que simula una geométrica racionalidad. En realidad estas imágenes, estas construcciones, estos manufacturados apartenecen a un imaginario que Pisani frecuenta durante su propio ser diario. Constrictores de energía son “maquinas” que no vivirán nunca de su propio movimiento: explotado hacia dentro mas bien que externamente informan estos manufacturados. Algunos dibujos “Ostentosamente” citan a Mario Sironi mientras otros parecen querer proyectar. Un sol, un circulo sobre cilindros de un posible pero improbable contenido, parece querer decir de una energía recogida quien sabe donde, pero al mismo tiempo probablemente estallada internamente hasta que nuestras visiones conduzcan la mirada de la mente a ver pulsar aquellos cilindros. Una puerta de hierro oxidado sierra la mirada mientras, algún vaso de cristal muestran su suasoria. Una estrella de hilo de acero, construida en un circula, simbólicamente parece dominar inútiles objetos colgados a la pared: Manillas, ficción de portabanderas; Ideología borrada sobre la pared, sobre la pagina. Otras maquinas inútiles, otras obras o silencios molerán un tiempo que Pisani considera ya absoluto. No es ciertamente un tiempo que implique un lugar (¿donde?), Una modalidad (¿cómo?), Una cronología (¿cuándo?). Es seguramente un tiempo que, tautologicamente, involucra a sí mismo. No es ciertamente lo de las maquinas solteras: GHENOS, EROS, THANATOS están muy lejos de las poéticas de Massimo Pisani. Si una referencia a la vanguardia histórica puede darse es probablemente la imagen de Duchamp que juega al ajedrez, en una misma imagen, con la misma figura de un personaje femenino completamente desnudo, desvestido. Si Pisani no construye maquinas célibes nos viene perentoria y fuerte la interrogación: ¿”Dónde” actúa Pisani? Él actúa y juega dentro la ficción: ficción de la maquina, del instrumento que no funciona pero parece siempre a punto de funcionar. Del resto los dibujos de los edificios podríamos considerarlos como proyectos por la conservación de una absoluta nada: una nada que, precisamente otra cosa no puede ser que el propio tiempo. Parece ver ahora mediante Schwob, Pisani parecido al alquimista, encorvado sobre mezclas de metales y organos, que espiaba en el hornazo para descubrir el oro. Podríamos todavía citar a Duchamp el cual afirmaba que si hubiese practicado la alquimia lo habría hecho sin saberlo. Distancia de la obra; ficción inconsciente de su decir y de su hacer, no quisiera contarnos, sino solo ponernos enfrente a sus obras, a sus manufacturados. Perentoriamente. Mientras, ahora, mi decir, mi escribir parece bloquearse frente a la cosa. Auxilia a la “ultima curva” Roberta de Monticelli cuando afirma que “(...) la cosa sensible es inaccesible por el lenguaje. Puedo solamente decir-ne, no decirla, porque el exacto especifico de cada experiencia perceptiva reside justo en lo que no adquiero sobre la base de su descripción verbal (...). Pisani en el fondo, dice, mediante la propia obra de sí mismo: Mover su péndulo no es verlo, sino notarlo. La palabra, mi palabra podrá solamente rozar aquel movimiento: como la mirada lame talvez el limitar del bosque, del antiguo bosque donde siempre es fácil extraviarse. El bosque: lugar de extravío por excelencia. En el bosque se presentan talvez los holwege heidegerrianos a los cuales confiamos nuestros últimos pasos: “holz” es una antigua palabra para decir bosque. En el bosque (holz) hay sendas (wege) que a menudo están recubiertos de hierbas y se interrumpen improvisamente en la impenetrabilidad. Se llaman holzwege. Cada uno de esos procede por su cuenta pero en el mismo bosque. El uno se parece a menudo al otro: pero solo se parece. Leñadores y guardabosques los conocen bien. Ellos saben lo que significa encontrarse sobre una senda que interrumpiéndose despista. Y es justo sobre estas “sendas interrumpidas” que nos pone el trabajo de Massimo Pisani, pidiéndonos el mejor esfuerzo de lectura y una enorme disponibilidad intelectual. Recorriendo los Holzwege parece Pisani haya recogido el secreto de los leñadores y de los guardabosques; el secreto para no perderse a través de las molteplices sendas del arte contemporánea que, talvez hoy, interrumpiéndose desvían. Mientras en la piedra, cultivado gota tras gota, día tras día, un pequeño vegetal crece, indiferente de nuestros extravíos, de nuestros ejercicios, de nuestros solipsismos, de nuestros silencios.

Aberto Lui 1990

 
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